domingo, 21 de febrero de 2010

Andalucía


Hoy, revisando fotos del viaje, a menos de una semana de haber llegado, escribo estas palabras descriptivas después de haber regresado a Córdoba por unos momentos, con el corazón palpitante y la sensación maravillosa del primer descubrimiento. Córdoba allí en el centro de Andalucía, una mañana de invierno desde las ventanillas del tren; impactante, hermosa, señorial... Y entonces ví que regresaba a mi tierra, al norte de los azahares en primavera, a las plazas floridas, al olor a jazmines y a naranjos. Al calor abarrotado de las 3 de la tarde a pesar del invierno y de tan lejos.

Quisimos ser Andalucía
y no París.
Entre ríos y azaleas,
entre tardes soleadas
de Setiembre,
quisimos ser la ribera
del Guadalquivir tan lejos
y tan cerca,
como para olerlo y
tocar el aire con las manos.

jueves, 18 de febrero de 2010

La belleza se llama Roma



Camino por primera vez tus calles de emperadores, respiro el aire de tus siglos dispersándose por las avenidas; desde el Coloso puede verse la grandeza y la extremada belleza rompiendo la acostumbrada mirada cotidiana. Es un paraíso donde alguna vez estuvieron ellos; sin embargo a pesar de la barbarie, de las jaulas de las fieras y el hierro candente sobre el pecho de los gladiadores, no hay palabras para describir el impacto de la primera vez conociéndote. Camino sin rumbo en horas matinales escuchando el silencio de los sueños; un poco mas allá la ciudad pasa rápida, acostumbrada a ese lugar y a sus eternos visitantes. La belleza ahora la conozco; ahora sé cual es su rostro, tan potente como para volver a la habitación del hotel y no poder dormir por sus imágenes. La cara de Augusto, los largos pasillos de las casas, las catacumbas, el marmol de carrara... la belleza es indescriptible. Tanto pienso en tu belleza, en haberte conocido, en haberte comido en cinco días de impacto y sin otro hambre que tus fuentes y monumentos que hoy sentada en Buenos Aires, mirando el cielorraso me basta y me sobra para muchos años reconstruirte, retomarte, volver una y otra vez con el impacto a sentarme en las escalinatas de la Piazza del Capitolino, a imaginar a Michelángelo colgado de mil metros pintando el delirio, ¿cómo lo hizo?, no hay poder mas grande que el arte, no hay ambición absoluta cumplida a lo largo de los siglos...
Ay si yo pudiera, entonces andaría por tus calles noches y días, viendo el tropel de turistas encandilados, sentándome en la fuente de Neptuno, escuchando frente al Panteón una canción de Edith Piaf; vagando nostálgica por el Foro Imperial. Si yo pudiera elegiría ser vagabunda por tus calles para siempre. Ahora me reconstruyo y renazco, y renaciendo como vos se que ya no soy la misma desde que estuve entre tus maravillosos rincones. Gracias de todas maneras por este rescate y por volverme a la vida. Ahora lo sé. La belleza señores se llama Roma.

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