sábado, 10 de abril de 2010

Venecia


A veces vuelvo a Venecia como en esta mañana, y me veo caminando bajo la lluvia por la calle principal del Lido. La luz intensa color azul que todo lo inunda, el agua del mar turquesa y la profunda belleza de sus canales; los gondoleros bellísimos, fornidos y vestidos de negro.
Tomo el "vaporetto" y escucho la voz del guardia anunciando que llegamos a una estación; los turistas maravillados, los disfrazados de carnaval, y mis manos sosteniendo el paraguas, haciendo malabarismos entre la camara de fotos y el guante de lana que me protege del frío.
Vuelvo a Venecia esta mañana en el "flecchiarossa" en medio del mar, una vía increíble, me bajo en la estación poblada de turistas y soy una mas con mi mochila,mi moleskine y mis sueños. No importa la edad, soy joven y vieja, antes y después en Venecia cumpliendo un sueño perdiéndome por el gran canal de una de las ciudades mas hermosas del mundo.
El recuerdo es, entonces, el presente, y la vida la eternidad.

sábado, 3 de abril de 2010

Si me tocara sobrevivir...

La pregunta o la suposición es de Rosa Montero. Leí en "La loca de la casa" hace ya tiempo, que si por algún motivo no existiera otra posibilidad entre escribir y leer para sobrevivir en un mundo a punto del exterminio, ella elegiría leer, sin duda alguna.
Al principio pensé en la primera opción. Ahora me quedo con las palabras de Dostoiesky en los hermanos Karamazov, o con el Dante atravesando los infiernos; o con el Quijote negándose a ir a Aragón porque en un libro apócrifo donde hablaban de sus andanzas decían que haría esto y no quería ser previsible. Me parecería imposible vivir sin el último párrafo del cuento "There are more things" de Borges, cuando todo queda en suspenso ante la aparición de lo monstruoso. Ni qué decir de no tener a mano la madalena de Proust, las estatuas de Adriano en la novela de Yourcenar; mirarse al espejo y no saber si somos nosotros o William Willson, escrito por Poe.
Rectifico a Rosa sin ninguna duda, Sería imposible sobrevivir sin la lectura de la buena literatura.

martes, 30 de marzo de 2010

El don de un artista genial



Vi su foto por primera vez en la página del diario El pais de Madrid, un domingo frío de Enero. Esos ojos verdes, ese pelo rubio, esa mirada dulce de niño. Inmediatamente pensé que necesitaba comprar el libro y llevarmelo a casa como uno de los descubrimientos del viaje. Eso hice por suerte, y desde el invierno me llevé abruptamente al verano de Buenos Aires a este niño- poeta muerto a los 19 años en circunstancias tan extrañas como misteriosas. Era un prometedor escritor canario joven que empezaba a asomar con su talento, hallado muerto en el baño durante o después de una ducha.
Comencé a leer el libro en el avion, y a mi, -que no soy una lectora rápida pues me gusta detenerme en parrafos que pueden llevarme mucho tiempo de análisis-, la lectura me llevó tan solo un par de días. Esa genialidad de un artista joven me atrapó en la primera página cuando el personaje, Bernardo, se sabe y nos confiesa ser inmortal. Esa inmortalidad tan prematura del escritor a la vez nos sitúa de lleno en la trama y nos atrapa como si se tratara de un hombre maduro que en determinada etapa de su obra nos presenta una de sus tantas novelas. Y allí estamos, en ese mundo que plantea este niño-artista desde esa primera página haciéndonos incapaces de abandonarlo hasta el final.
Me recordó a mi hermano y su poesía, a su mirada intensa, a aquella juventud perdida en circunstancias trágicas también, e incluso con algunos años de diferencia pero en casi la misma época. Un viento de recuerdos entró por la ventana, volvieron las palabras de otros muchos artistas casi desconocidos, que esperan pacientemente algún día ser descubiertos.
Hoy leía que sólo el arte transforma la vida. El arte nos hace eternos. Ahí está Félix Casanova en la biblioteca de mi casa después de haber atravesado el mar; de vez en cuando me cuenta en su novela la prematura genialidad, y a veces en el silencio le doy las gracias de haberlo encontrado a tiempo.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Memoria

Día de la memoria. Algunos desmemoriados que sueñan con ser París o Londres; los mismos Judas, enmascarados ahora en la globalización de un mundo distinto y aparentemente mas libre, sincero y con conciencia.
Día de la memoria para que las imágenes nos muestren en la televisión los rostros de los asesinos, la impávida mirada, el rostro frío y rígido de la muerte, sin sentido.
Para que se cumpla el sueño de aquel/la que torturado/a picaneado/a en la oscuridad, para sobrevivir a la vejación y al dolor soñaba con el tiempo y este momento preciso.
Ea pues mi homenaje a ellos.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Días de playa y cordillera

Cruzaba la cordillera escuchando a Mercedes cantar Corazón de estudiante. Mi corazón deambulaba por las calles de una ciudad baja y de montañas, con un calor pesado en el mediodía de verano. Mas tarde el te, -la once- , con palta y mermelada de durazno; el viaje en bus a Viña, el mar helado donde aprendí a bañarme hasta que me dolieran los huesos y desde ese momento ni siquiera el Mediterraneo pudo conquistarme. Aquellos días de playa, de juventud, de cerveza y helados exquisitos, de almejas recogidas en el momento; de pescado. Aquel camping donde solía colarme sin que se dieran cuenta los cuidadores y el mar bellisimo y bravo, cuando al atardecer entre las rocas, pañuelo en la cabeza, mirábamos la "pérdida del sol"...
Aquellos veranos inolvidables, donde definía el futuro y sufría por estupideces que no tienen sentido, allá en la playa, mirando el horizonte recordando a Pablo y esa oda al caldillo de congrio; el último discurso de Allende, Pablo Milanés cantando una venganza prometida. Eramos el país que había vuelto a la democracia y que veraneaba en esas costas; al costado de las rutas, los niños nos saludaban al pasar y ver la identificación argentina. Luego los alerces y los bosques, luego Isla Negra y un cumpleaños diferente, luego Chile en el sabor del mar y del vino y de los amigos, y de lo que habíamos perdido, tanto, tanto...
Hoy Chile allá, presente en mi memoria. Te abrazo y lloro tus muertos, miro las ciudades desvastadas del terremoto, vuelvo por la senda de arena a ver el mar. Somos los hermanos de siempre. A veces nos peleamos, a veces discutimos pero al final siempre hay un fuerte y protector abrazo en los malos momentos.

domingo, 21 de febrero de 2010

Andalucía


Hoy, revisando fotos del viaje, a menos de una semana de haber llegado, escribo estas palabras descriptivas después de haber regresado a Córdoba por unos momentos, con el corazón palpitante y la sensación maravillosa del primer descubrimiento. Córdoba allí en el centro de Andalucía, una mañana de invierno desde las ventanillas del tren; impactante, hermosa, señorial... Y entonces ví que regresaba a mi tierra, al norte de los azahares en primavera, a las plazas floridas, al olor a jazmines y a naranjos. Al calor abarrotado de las 3 de la tarde a pesar del invierno y de tan lejos.

Quisimos ser Andalucía
y no París.
Entre ríos y azaleas,
entre tardes soleadas
de Setiembre,
quisimos ser la ribera
del Guadalquivir tan lejos
y tan cerca,
como para olerlo y
tocar el aire con las manos.

jueves, 18 de febrero de 2010

La belleza se llama Roma



Camino por primera vez tus calles de emperadores, respiro el aire de tus siglos dispersándose por las avenidas; desde el Coloso puede verse la grandeza y la extremada belleza rompiendo la acostumbrada mirada cotidiana. Es un paraíso donde alguna vez estuvieron ellos; sin embargo a pesar de la barbarie, de las jaulas de las fieras y el hierro candente sobre el pecho de los gladiadores, no hay palabras para describir el impacto de la primera vez conociéndote. Camino sin rumbo en horas matinales escuchando el silencio de los sueños; un poco mas allá la ciudad pasa rápida, acostumbrada a ese lugar y a sus eternos visitantes. La belleza ahora la conozco; ahora sé cual es su rostro, tan potente como para volver a la habitación del hotel y no poder dormir por sus imágenes. La cara de Augusto, los largos pasillos de las casas, las catacumbas, el marmol de carrara... la belleza es indescriptible. Tanto pienso en tu belleza, en haberte conocido, en haberte comido en cinco días de impacto y sin otro hambre que tus fuentes y monumentos que hoy sentada en Buenos Aires, mirando el cielorraso me basta y me sobra para muchos años reconstruirte, retomarte, volver una y otra vez con el impacto a sentarme en las escalinatas de la Piazza del Capitolino, a imaginar a Michelángelo colgado de mil metros pintando el delirio, ¿cómo lo hizo?, no hay poder mas grande que el arte, no hay ambición absoluta cumplida a lo largo de los siglos...
Ay si yo pudiera, entonces andaría por tus calles noches y días, viendo el tropel de turistas encandilados, sentándome en la fuente de Neptuno, escuchando frente al Panteón una canción de Edith Piaf; vagando nostálgica por el Foro Imperial. Si yo pudiera elegiría ser vagabunda por tus calles para siempre. Ahora me reconstruyo y renazco, y renaciendo como vos se que ya no soy la misma desde que estuve entre tus maravillosos rincones. Gracias de todas maneras por este rescate y por volverme a la vida. Ahora lo sé. La belleza señores se llama Roma.

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