martes, 30 de marzo de 2010

El don de un artista genial



Vi su foto por primera vez en la página del diario El pais de Madrid, un domingo frío de Enero. Esos ojos verdes, ese pelo rubio, esa mirada dulce de niño. Inmediatamente pensé que necesitaba comprar el libro y llevarmelo a casa como uno de los descubrimientos del viaje. Eso hice por suerte, y desde el invierno me llevé abruptamente al verano de Buenos Aires a este niño- poeta muerto a los 19 años en circunstancias tan extrañas como misteriosas. Era un prometedor escritor canario joven que empezaba a asomar con su talento, hallado muerto en el baño durante o después de una ducha.
Comencé a leer el libro en el avion, y a mi, -que no soy una lectora rápida pues me gusta detenerme en parrafos que pueden llevarme mucho tiempo de análisis-, la lectura me llevó tan solo un par de días. Esa genialidad de un artista joven me atrapó en la primera página cuando el personaje, Bernardo, se sabe y nos confiesa ser inmortal. Esa inmortalidad tan prematura del escritor a la vez nos sitúa de lleno en la trama y nos atrapa como si se tratara de un hombre maduro que en determinada etapa de su obra nos presenta una de sus tantas novelas. Y allí estamos, en ese mundo que plantea este niño-artista desde esa primera página haciéndonos incapaces de abandonarlo hasta el final.
Me recordó a mi hermano y su poesía, a su mirada intensa, a aquella juventud perdida en circunstancias trágicas también, e incluso con algunos años de diferencia pero en casi la misma época. Un viento de recuerdos entró por la ventana, volvieron las palabras de otros muchos artistas casi desconocidos, que esperan pacientemente algún día ser descubiertos.
Hoy leía que sólo el arte transforma la vida. El arte nos hace eternos. Ahí está Félix Casanova en la biblioteca de mi casa después de haber atravesado el mar; de vez en cuando me cuenta en su novela la prematura genialidad, y a veces en el silencio le doy las gracias de haberlo encontrado a tiempo.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Memoria

Día de la memoria. Algunos desmemoriados que sueñan con ser París o Londres; los mismos Judas, enmascarados ahora en la globalización de un mundo distinto y aparentemente mas libre, sincero y con conciencia.
Día de la memoria para que las imágenes nos muestren en la televisión los rostros de los asesinos, la impávida mirada, el rostro frío y rígido de la muerte, sin sentido.
Para que se cumpla el sueño de aquel/la que torturado/a picaneado/a en la oscuridad, para sobrevivir a la vejación y al dolor soñaba con el tiempo y este momento preciso.
Ea pues mi homenaje a ellos.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Días de playa y cordillera

Cruzaba la cordillera escuchando a Mercedes cantar Corazón de estudiante. Mi corazón deambulaba por las calles de una ciudad baja y de montañas, con un calor pesado en el mediodía de verano. Mas tarde el te, -la once- , con palta y mermelada de durazno; el viaje en bus a Viña, el mar helado donde aprendí a bañarme hasta que me dolieran los huesos y desde ese momento ni siquiera el Mediterraneo pudo conquistarme. Aquellos días de playa, de juventud, de cerveza y helados exquisitos, de almejas recogidas en el momento; de pescado. Aquel camping donde solía colarme sin que se dieran cuenta los cuidadores y el mar bellisimo y bravo, cuando al atardecer entre las rocas, pañuelo en la cabeza, mirábamos la "pérdida del sol"...
Aquellos veranos inolvidables, donde definía el futuro y sufría por estupideces que no tienen sentido, allá en la playa, mirando el horizonte recordando a Pablo y esa oda al caldillo de congrio; el último discurso de Allende, Pablo Milanés cantando una venganza prometida. Eramos el país que había vuelto a la democracia y que veraneaba en esas costas; al costado de las rutas, los niños nos saludaban al pasar y ver la identificación argentina. Luego los alerces y los bosques, luego Isla Negra y un cumpleaños diferente, luego Chile en el sabor del mar y del vino y de los amigos, y de lo que habíamos perdido, tanto, tanto...
Hoy Chile allá, presente en mi memoria. Te abrazo y lloro tus muertos, miro las ciudades desvastadas del terremoto, vuelvo por la senda de arena a ver el mar. Somos los hermanos de siempre. A veces nos peleamos, a veces discutimos pero al final siempre hay un fuerte y protector abrazo en los malos momentos.

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