miércoles, 17 de marzo de 2010

Días de playa y cordillera

Cruzaba la cordillera escuchando a Mercedes cantar Corazón de estudiante. Mi corazón deambulaba por las calles de una ciudad baja y de montañas, con un calor pesado en el mediodía de verano. Mas tarde el te, -la once- , con palta y mermelada de durazno; el viaje en bus a Viña, el mar helado donde aprendí a bañarme hasta que me dolieran los huesos y desde ese momento ni siquiera el Mediterraneo pudo conquistarme. Aquellos días de playa, de juventud, de cerveza y helados exquisitos, de almejas recogidas en el momento; de pescado. Aquel camping donde solía colarme sin que se dieran cuenta los cuidadores y el mar bellisimo y bravo, cuando al atardecer entre las rocas, pañuelo en la cabeza, mirábamos la "pérdida del sol"...
Aquellos veranos inolvidables, donde definía el futuro y sufría por estupideces que no tienen sentido, allá en la playa, mirando el horizonte recordando a Pablo y esa oda al caldillo de congrio; el último discurso de Allende, Pablo Milanés cantando una venganza prometida. Eramos el país que había vuelto a la democracia y que veraneaba en esas costas; al costado de las rutas, los niños nos saludaban al pasar y ver la identificación argentina. Luego los alerces y los bosques, luego Isla Negra y un cumpleaños diferente, luego Chile en el sabor del mar y del vino y de los amigos, y de lo que habíamos perdido, tanto, tanto...
Hoy Chile allá, presente en mi memoria. Te abrazo y lloro tus muertos, miro las ciudades desvastadas del terremoto, vuelvo por la senda de arena a ver el mar. Somos los hermanos de siempre. A veces nos peleamos, a veces discutimos pero al final siempre hay un fuerte y protector abrazo en los malos momentos.

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