Hoy volviste como un fantasma quizás para recordarme que los fantasmas sí existen. Volví a recordar aquellos momentos compartidos: alguna sonrisa, algún momentáneo sonido. Algún concierto, o una voz en el teléfono que ya parezco no reconocer. Es como si un manto de oscuridad hubiera caído sobre tu imagen desde el día en que partiste, y viera solamente partes que se alejan con los días, difuminándose del todo.
Desde hace un tiempo atrás ya no tengo memoria de tu voz. Vuelvo a casa por las noches y levanto los mensajes de siempre. Escucho a los amigos, a alguien que toca un piano y me conmueve, leo libros y salgo con apuro al nuevo día. Poco a poco tu imagen me trae a la muerte. Pero lo que son las cosas. Un buen día vuelven los fantasmas y nos atacan como antaño. Hemos comprado elementos como para no recordarlos; un nuevo disco, un libro, algunas copas y un buen vino. Una película bajada groseramente de internet. Para no recordarnos que alguna vez escribíamos cartas y largos mails, tratamos de reconocernos en la vagancia de no hacerlos. Y cuando vemos en la computadora esas palabras que escribíamos entonces, nos parece increíble que hayamos sido nosotros los autores y con tanta intensidad.
Pero por suerte esta vez, los fantasmas son asimilables, y hasta se sientan a conversar un rato, a tratar de mirarnos a los ojos, (o quizás somos nosotros quienes tratamos de reconocernos en ellos) y finalmente nos abandonan para dejarnos con una sonrisa por un largo tiempo en que volveremos a olvidarlos hasta que hagan su aparición estelar nuevamente.
Hoy has vuelto después de un par de meses, en una tarde primaveral de domingo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario